Segunda parte del artículo de Roberto Rodríguez Gómez.
Nos parece esencial visitar su blog y leer todo lo que este cuate está reflexionando y analizando sobre educación superior, en México y en otros países.
http://rodriguez.blogsome.com/campus-153/
La semana pasada comentamos aquí las puntuaciones de la UNAM en la edición 2005 de los rankings del Times Higher Education Supplement (THES). Los buenos resultados alcanzados por la Universidad Nacional dieron muy buena prensa a la institución y resultó casi unánime la opinión encomiosa. ¿Qué hubiera pasado si, por azares del cambio de metodología de la nueva revisión, en vez de resultar favorecida nuestra casa de estudios hubiera disminuido el lugar ocupado el año pasado?
La pregunta no es retórica. Para ilustrar una reacción posible, tómese en cuenta lo ocurrido en Malasia una vez que se dio a conocer la lista. La Universidad de Malasia descendió del puesto 89 al 169 y la Universidad de Sains, colocada en el lugar 121 en 2004, ni siquiera alcanzó sitio en las primeras doscientas. Para colmo, una universidad de Tailandia (Chulalongkorn), país con el que Malasia tiene una histórica rivalidad, figuró en el sitio 121, cuando en 2004 ni siquiera pintaba. Aparte de la reacción de prensa, el asunto llegó al congreso y fue calificado por el partido de oposición como una “crisis” de la política de educación superior en ese país. Según consigna el propio THES, el líder opositor Lim Kit Siang calificó la situación como un motivo de “infamia y vergüenza nacional” (THES, 11 de noviembre 2005). ¿Será para tanto?
En parte sí, desde luego si aceptamos que un efecto de la globalización es la comparabilidad internacional. La lógica que subyace los sistemas de clasificación de universidades del mundo es que una economía competitiva requiere instituciones productoras de conocimiento de muy alto nivel. Sin ellas, no parece posible tener acceso al escenario de la economía y la sociedad del conocimiento. Así, medir la calidad universitaria mediante instrumentos comparativos buscaría responder a la pregunta ¿qué tan preparado está un país, en términos intelectuales, para enfrentar condiciones de competencia global?
Sin embargo, tanto la reacción de orgullo como la de “vergüenza nacional” ya comentadas, dan por certeros los resultados de estudios que, ellos mismos, reconocen márgenes de incertidumbre. Tanto la lista THES, como el ranking internacional elaborado por el Instituto de Educación Superior de la Universidad Jiao Tong de Shangai (este año clasificó a la UNAM en el puesto 153 entre las mejores quinientas universidades del planeta), reconocen que sus respectivos sistemas de clasificación están todavía en proceso de consolidación, que hace falta desarrollar indicadores más precisos, y que el nivel de agregación de los datos desaconseja un juicio absoluto en la comparación de resultados.
Varios especialistas han señalado problemas metodológicos en los rankings internacionales. Por ejemplo, Anthony F. J. van Raan, de la Universidad de Leiden (Holanda), publicó en el número 133 de Scientometrics (2005) el artículo “Fatal Attraction: Ranking of Universities by Bibliometric Methods”. En él, el autor hace notar que los métodos bibliométricos no fueron diseñados con fines de evaluación y, menos aún, de comparación. El papel del entrecruzamiento de referencias, en que se basa la bibliometría contemporánea, “juega el papel de recuperación de información científica relevante, no el de una base de datos ajustada a fines de evaluación” (pág. 4). El segundo problema mencionado por van Raan se relaciona con el procedimiento de búsqueda en bases de datos extensas. Si el productor del ranking construye el indicador mediante referencias a las universidades, pierde información en los casos en que los autores no citan su universidad de procedencia.
El mismo autor, en “Challenges in Ranking Universities”, presentado como ponencia en la Primera Conferencia Internacional sobre Universidades de Clase Mundial (Shangai, junio de 2005), endereza una razonable crítica a la metodología de “revisión por pares” utilizada en los rankings THES para construir el factor de prestigio institucional. Recordemos que ese factor pondera la mitad del resultado en la lista del suplemento británico. En este caso, el argumento crítico de van Raan se enfoca sobre la capacidad de los árbitros para reconocer calidades universitarias más allá de sus primeras elecciones. Según el autor, el “par académico” está en condiciones de mencionar, en primer lugar, las universidades que conoce personalmente y sobre las que puede tener una opinión más o menos objetiva. De manera que la probabilidad de ser mencionadas universidades poco conocidas en el mundo, independientemente de la calidad de su desempeño, es mínima.
Por su parte, N.C. Lyu y Y. Cheng, del equipo encargado del ranking de Shangai, reconocen tres problemas. Uno, que el idioma para la difusión internacional del conocimiento científico es básicamente el inglés, lo que pone en desventaja cuantitativa y cualitativa a las comunidades académicas no angloparlantes. Dos, que la obtención de premios internacionales (la lista de Shangai pondera a los ganadores de premio Nóbel) se circunscribe a un circuito académico de alcance muy limitado. Tres, que las universidades que enfatizan la docencia sobre la investigación, obtienen resultados muy escasos en los indicadores de calidad considerados. Con todo, los autores concluyen que “cualquier ranking es controvertido y ninguno es totalmente objetivo. Sin embargo, los rankings universitarios se han vuelto populares en muchos países (...) y llegaron para quedarse. El tema principal entonces es cómo mejorarlos en beneficio de la educación superior.”
Desde su refundación moderna, las universidades han procurado desarrollar síntesis entre dos misiones en relativa tensión: participar en el proyecto universalista de las ciencias y contribuir al bienestar de la población. La UNAM, junto a otras universidades públicas, incluido el Politécnico Nacional, destaca en ambos aspectos. Por ello, al margen de los indicadores de desempeño académico recogidos en los rankings, es importante desarrollar metodologías e indicadores que hagan notar la relevancia social de nuestras instituciones.
Publicado en Campus Milenio, núm. 154, 17 de noviembre de 2005
Mostrando entradas con la etiqueta Times Higher Education Supplement. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Times Higher Education Supplement. Mostrar todas las entradas
jueves, 23 de octubre de 2008
martes, 21 de octubre de 2008
La UNAM en los rankings internacionales, por R. Rodríguez Gómez
Rodríguez Gómez es investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM especializado en problemas de la educación superior. Recomendamos visitar su blog: http://rodriguez.blogsome.com/campus-153/
Primera parte
La semana pasada se dio a conocer que la edición 2005 de los World University Rankings, del Times Higher Education Supplement (THES), ubicó a la Universidad Nacional Autónoma de México en el lugar 95 de la lista general, en el 20 de la lista de Humanidades y Artes, y en el 93 de la lista de Ciencias. Sobresale que la UNAM fue clasificada cien puestos por encima del ocupado hace apenas un año. Desde el 2 de noviembre la noticia fue ampliamiente difundida en noticieros de radio y televisión, ocupó titulares de primera plana en los diarios de cobertura nacional y ha sumado hasta la fecha más de un centenar de notas en la prensa del país y en el extranjero. Para acabar pronto, una noticia muy importante.
No es para menos. Hace apenas cinco años la Universidad Nacional, recién salida de la huelga estudiantil de 1999-2000, era objeto de críticas que cuestionaban, en primer lugar, su condición de liderazgo académico nacional y su capacidad de proyección de los cuadros profesionales requeridos para el desarrollo del país. No es el caso repetir aquel debate, sino contrastar el ambiente de opinión pública de entonces y el de ahora. Sin duda, la estrategia de reponer el prestigio de la principal casa de estudios del país ha rendido buenos frutos, estableciendo bases para impulsar proyectos académicos relevantes, así como mejores condiciones de trato en la negociación del subsidio gubernamental.
No carece de interés, sin embargo, examinar qué son y qué miden los rankings del THES y cómo se comparan con otros sistemas de clasificación. Conviene aclarar, en primer término, que el Times Higher Education Supplement no es parte del diario británico The Times, aunque tuvo su origen en ese medio. En 1971 la empresa editorial Thompson, entonces dueña del periódico, creó el suplemento como una estrategia de diferenciación del exitoso Times Education Supplement (TES), cuya trayectoria inició en la primera década del siglo XX. Diez años más tarde, el Times fue comprado por la News Corporation, la cual integró una subsidiaria con el conjunto de suplementos del diario, la Times Supplements Ltd. En 1999 la subsidiaria se independizó del periódico, aunque se mantuvo como empresa dependiente del mismo grupo propietario. Por último, este año fue vendida al holding financiero Exponent Private Equity.
Los rankings del THES, a diferencia de otros sistemas internacionales de clasificación, otorgan el mayor peso relativo a las variables de prestigio. En ambas ediciones (2004 y 2005) la valoración de las instituciones por académicos y especialistas representó el cincuenta por ciento del. En 2004 la categoría “puntaje por pares” (peer review score) asignó a la UNAM 68 de 1000 puntos posibles, mientras que en 2005 el mismo criterio dio a la institución mexicana 33 de 100 puntos. Una diferencia muy notable.
La edición 2005 añadió una nueva variable, la opinión de los empleadores, en ella la UNAM obtuvo 9 de 100 puntos. Esta última calificación, determinada por un grupo de opinión seleccionado por la empresa QS Ltd (Quacquarelli Symonds), permitió a la UNAM despegarse de otras universidades de la región iberoamericana. La Autónoma de Madrid, clasificada en el lugar 183, obtuvo 29 puntos en la percepción de pares académicos y cero a criterio de los empeadores. La de Sao Paulo, ubicada en el sitio 196, obtuvo 28 puntos en la opinión de pares y también cero en la de empleadores.
Los editores alegan que el juicio de empleadores hace más robusto el sistema de evaluación. Pero también reconocen posibilidades de sesgo, dado que el grupo encargado de opinar sobre el desempeño de las instituciones universitarias se limita a una selección de altos ejecutivos en empresas de tipo global. Con todo, no es para nada despreciable el dato según el cual la Universidad Nacional es bien valorada tanto por académicos como por empresarios en México y el extranjero, sobre todo en la medida en que dicha opinión refleja la fortaleza académica conseguida por la institución.
El resto de los indicadores en la clasificación THES se refiere a datos de insumo-producto de las instituciones: Por un lado, la proporción de académicos y estudiantes extranjeros. Por otro, la proporción entre planta docente y estudiantes, así como la propoción de citas académicas en índices internacionales contra el número de académicos contratados. La calificación de la UNAM en grado de internacionalización es pobre tanto en el aspecto de planta académica extranjera, tres puntos, como en la proporción de estudiantes extranjeros, un punto. Cabe aclarar que la estrategia de internacionalización de la Universidad Nacional no ha reposado en esos aspectos y que la magnitud de la institución difícilmente hará mejorar tales indicadores a corto plazo.
El indicador que se refiere a la proporción entre el número de académicos y el de estudiantes dio una ventaja significativa a la UNAM. La variable otorga puntos a menor proporción de estudiantes por profesor. Al respecto, la institución obtuvo 25 de 100 puntos posibles, mientras la Autónoma de Madrid nueve puntos y la de Sao Paulo ocho en la misma escala. Esta ventaja actuó en sentido contrario a la hora de medir la relación de citas académicas contra el volumen de profesores e investigadores. Mientras la Autónoma de Madrid alcanzó un puntaje de seis y la de San Paulo de tres, la UNAM no obtuvo puntos en ese registro. El informe reconoce las limitaciones de la medición porque subestima la producción académica de las universidades con planteles docentes de gran tamaño, como es evidentemente el caso de la Universidad Nacional. Una medición más fina, que distinguiera al plantel académico de tiempo completo del profesorado por horas, se ajustaría mucho mejor a la realidad de las universidades.
Queda por examinar las puntuaciones por áreas en los rankings THES, así como considerar el sistema de clasificación elaborado por el Instituto de Educación Superior de la Universidad Jiao Tong de Shanghai. Lo vemos la próxima semana.
Publicado en Campus Milenio, núm. 153, 10 de noviembre de 2005
Primera parte
La semana pasada se dio a conocer que la edición 2005 de los World University Rankings, del Times Higher Education Supplement (THES), ubicó a la Universidad Nacional Autónoma de México en el lugar 95 de la lista general, en el 20 de la lista de Humanidades y Artes, y en el 93 de la lista de Ciencias. Sobresale que la UNAM fue clasificada cien puestos por encima del ocupado hace apenas un año. Desde el 2 de noviembre la noticia fue ampliamiente difundida en noticieros de radio y televisión, ocupó titulares de primera plana en los diarios de cobertura nacional y ha sumado hasta la fecha más de un centenar de notas en la prensa del país y en el extranjero. Para acabar pronto, una noticia muy importante.
No es para menos. Hace apenas cinco años la Universidad Nacional, recién salida de la huelga estudiantil de 1999-2000, era objeto de críticas que cuestionaban, en primer lugar, su condición de liderazgo académico nacional y su capacidad de proyección de los cuadros profesionales requeridos para el desarrollo del país. No es el caso repetir aquel debate, sino contrastar el ambiente de opinión pública de entonces y el de ahora. Sin duda, la estrategia de reponer el prestigio de la principal casa de estudios del país ha rendido buenos frutos, estableciendo bases para impulsar proyectos académicos relevantes, así como mejores condiciones de trato en la negociación del subsidio gubernamental.
No carece de interés, sin embargo, examinar qué son y qué miden los rankings del THES y cómo se comparan con otros sistemas de clasificación. Conviene aclarar, en primer término, que el Times Higher Education Supplement no es parte del diario británico The Times, aunque tuvo su origen en ese medio. En 1971 la empresa editorial Thompson, entonces dueña del periódico, creó el suplemento como una estrategia de diferenciación del exitoso Times Education Supplement (TES), cuya trayectoria inició en la primera década del siglo XX. Diez años más tarde, el Times fue comprado por la News Corporation, la cual integró una subsidiaria con el conjunto de suplementos del diario, la Times Supplements Ltd. En 1999 la subsidiaria se independizó del periódico, aunque se mantuvo como empresa dependiente del mismo grupo propietario. Por último, este año fue vendida al holding financiero Exponent Private Equity.
Los rankings del THES, a diferencia de otros sistemas internacionales de clasificación, otorgan el mayor peso relativo a las variables de prestigio. En ambas ediciones (2004 y 2005) la valoración de las instituciones por académicos y especialistas representó el cincuenta por ciento del. En 2004 la categoría “puntaje por pares” (peer review score) asignó a la UNAM 68 de 1000 puntos posibles, mientras que en 2005 el mismo criterio dio a la institución mexicana 33 de 100 puntos. Una diferencia muy notable.
La edición 2005 añadió una nueva variable, la opinión de los empleadores, en ella la UNAM obtuvo 9 de 100 puntos. Esta última calificación, determinada por un grupo de opinión seleccionado por la empresa QS Ltd (Quacquarelli Symonds), permitió a la UNAM despegarse de otras universidades de la región iberoamericana. La Autónoma de Madrid, clasificada en el lugar 183, obtuvo 29 puntos en la percepción de pares académicos y cero a criterio de los empeadores. La de Sao Paulo, ubicada en el sitio 196, obtuvo 28 puntos en la opinión de pares y también cero en la de empleadores.
Los editores alegan que el juicio de empleadores hace más robusto el sistema de evaluación. Pero también reconocen posibilidades de sesgo, dado que el grupo encargado de opinar sobre el desempeño de las instituciones universitarias se limita a una selección de altos ejecutivos en empresas de tipo global. Con todo, no es para nada despreciable el dato según el cual la Universidad Nacional es bien valorada tanto por académicos como por empresarios en México y el extranjero, sobre todo en la medida en que dicha opinión refleja la fortaleza académica conseguida por la institución.
El resto de los indicadores en la clasificación THES se refiere a datos de insumo-producto de las instituciones: Por un lado, la proporción de académicos y estudiantes extranjeros. Por otro, la proporción entre planta docente y estudiantes, así como la propoción de citas académicas en índices internacionales contra el número de académicos contratados. La calificación de la UNAM en grado de internacionalización es pobre tanto en el aspecto de planta académica extranjera, tres puntos, como en la proporción de estudiantes extranjeros, un punto. Cabe aclarar que la estrategia de internacionalización de la Universidad Nacional no ha reposado en esos aspectos y que la magnitud de la institución difícilmente hará mejorar tales indicadores a corto plazo.
El indicador que se refiere a la proporción entre el número de académicos y el de estudiantes dio una ventaja significativa a la UNAM. La variable otorga puntos a menor proporción de estudiantes por profesor. Al respecto, la institución obtuvo 25 de 100 puntos posibles, mientras la Autónoma de Madrid nueve puntos y la de Sao Paulo ocho en la misma escala. Esta ventaja actuó en sentido contrario a la hora de medir la relación de citas académicas contra el volumen de profesores e investigadores. Mientras la Autónoma de Madrid alcanzó un puntaje de seis y la de San Paulo de tres, la UNAM no obtuvo puntos en ese registro. El informe reconoce las limitaciones de la medición porque subestima la producción académica de las universidades con planteles docentes de gran tamaño, como es evidentemente el caso de la Universidad Nacional. Una medición más fina, que distinguiera al plantel académico de tiempo completo del profesorado por horas, se ajustaría mucho mejor a la realidad de las universidades.
Queda por examinar las puntuaciones por áreas en los rankings THES, así como considerar el sistema de clasificación elaborado por el Instituto de Educación Superior de la Universidad Jiao Tong de Shanghai. Lo vemos la próxima semana.
Publicado en Campus Milenio, núm. 153, 10 de noviembre de 2005
Suscribirse a:
Entradas (Atom)